La Dra. Mónica Paulina Antilén Lizana, destacada química, académica e investigadora chilena integrante del Centro de Nanociencia y Nanotecnología, CEDENNA, fue reconocida recientemente a nivel internacional por su vasta trayectoria en la ciencia y química del suelo, con especial énfasis en matrices volcánicas y sostenibilidad. Integrará el directorio de la International Humic Substances Society (IHSS) en el periodo 2026-2030, uno de cuyos objetivos es impulsar el desarrollo científico de jóvenes investigadores latinoamericanos. Y ella se basa en su propia experiencia para reflexionar sobre esta tarea, especialmente en lo que respecta a las mujeres.
“Llegué directamente a la Química gracias a una profesora del colegio. Y con los años, conversando con muchos y muchas colegas, me he dado cuenta que esto es algo que se repite en casi todos los científicos. Un profesor, una experiencia escolar, el asombro causado por algún evento de la naturaleza o simplemente la curiosidad infantil respecto a su medioambiente, ha sido clave en su desarrollo de carrera”.
“Por eso creo que uno de los trabajos más importantes que debiéramos hacer los científicos es trabajar con los más pequeños, con la infancia, porque es ahí donde -lo que para uno puede ser una charla más- para dos o tres de los que nos escuchan se transforma en el impulso necesario para entusiasmarlos y orientarlos hacia una carrera científica. Y bastaría con eso para ya estar aportando a mejorar nuestro entorno y a nuestro país”, subraya.
-Una vez que eligió la Química y desarrolló su carrera ¿qué la llevó a la nanociencia?
“¡Es que la Nanociencia es la ciencia del futuro! –ríe levantando sus brazos– Cuando llegué al grupo de investigación que lideraba el profesor Mauricio Escudey (investigador de CEDENNA, experto en nanoseguridad y representante de Chile en la OCDE) me entusiasmé con la química de suelos, comprendí la importancia que tiene en el desarrollo humano y productivo y nunca más he dejado de investigar lo que encontré ahí”.
Proyecto de Ley
Mónica Antilén ha sido profesora por 23 años y lleva 20 de ellos investigando el comportamiento fisicoquímico de contaminantes orgánicos e inorgánicos en distintos tipos de superficies. Especialmente en los suelos volcánicos de nuestro país. Cuenta con más de medio centenar de publicaciones científicas sobre el impacto ambiental provocado por metales pesados y antibióticos de uso veterinario en el suelo, analizando el rol de la materia orgánica natural y las arcillas.
“Micro y nanoplásticos han sido estudiados en los sistemas marinos, pero no en los suelos y queremos establecer qué pasa con los contaminantes; con su interacción con otros contaminantes; qué pasa con las comunidades microbianas, etc. Sé que esto puede parecer ajeno, pero, así como los funguicidas y pesticidas con nanopartículas, muchas veces se usan plásticos en distintas épocas del cultivo y las cosechas. Y estos microplásticos y nanopartículas quedan en el agua y en los suelos con efectos que suelen ser muy dañinos. Tenemos que adelantarnos a eso”, explica.

Esta tarea es la que la sociedad internacional IHSS, compuesta por investigadores de primera línea en temas de materia orgánica natural, suelos, agua y aire reconoce al recibirla, así como sus aportes de impacto económico en el país, como la Ley de Suelos, que está hoy pendiente de tramitación en el Congreso “y por la que vamos a seguir trabajando, especialmente en las comisiones de Agricultura, que ojalá pongan todo el impulso en esta tarea, hasta que se promulgue”, ratifica.
Desafío para las mujeres
La Dra. Antilén reconoce que hay barreras para las mujeres en la ciencia, pero piensa que -afortunadamente- cada vez son menos, especialmente con apoyos legales imprescindibles, como la sala cuna.
“No ha sido fácil, pero soy por naturaleza optimista y me entusiasma mucho lo que hago. Hay momentos difíciles, claro, como compatibilizar la familia y los afectos con una carrera exigente y con horarios de trabajo que requieren apoyos fundamentales”. Añade que “hay dificultades en distintas etapas. Por ejemplo, cuando hay concursos o cupos en investigaciones que requieren desplazarse por el territorio, como en nuestro tema, es una barrera más para las que son madres o cuidadoras”.
Recuerda con aprecio a las estudiantes que se atrevieron a acompañarla en sus proyectos, aun cuando no obtenían pago alguno.
“En Química trabajan muchas mujeres, pero a puestos de decisión y de mayor jerarquía llegan muy pocas, porque ese es también otro espacio en que pesan mucho las responsabilidades familiares y la valoración que los científicos tengan de tu liderazgo. Un hombre firme es un líder. Una mujer firme es arbitraria. Y esto no es en la ciencia, es en toda la sociedad. ‘Ella es ruda, intransigente… Él ejerce la jefatura con firmeza’ se escucha frecuentemente. También en los laboratorios”.
Por eso se siente contenta cuando ve alumnas que logran seguir una carrera como la suya, que ha llegado ahora al nivel internacional. “Pero las personas vamos envejeciendo y si no nos preocupamos detener una generación de reemplazo igualmente comprometida, ponemos nuestros aportes en riesgo”.
Esta es una de las razones por las que le agrada especialmente el trabajo que la International Humic Substances Society (IHSS hace entregando becas y pasantías, así como travelling award para que jóvenes científicos puedan asistir a congresos de relevancia mundial y estar al día en los constantes avances de sus disciplinas.
“Para mí lo más relevante es generar impacto en la infancia”, señala finalmente, recordando su experiencia en escuelas rurales en el norte y en la zona mapuche, con la relevancia que la tierra tiene para los pueblos originarios. “Poder apoyar para que los niños valoren la ciencia y el territorio que habitan y esta posibilidad maravillosa que me permite vivirlo con ellos”, concluye.
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